Atrapados por la imagen

En este artículo desarrollamos varias ideas entorno a cómo hoy en día nos mantenemos en la parte más superficial de muchas cosas de nuestra existencia. Nos quedamos con lo físico, atrapados por la imagen y con lo que nos transmite una persona a partir de su apariencia y de lo que tiene, más que por lo que es en el fondo.

Aspectos como la necesidad compulsiva de que el propio cuerpo tenga unas determinadas proporciones o medidas, la eliminación de lo que es percibido como imperfección corporal (a veces con agresivas técnicas médicas), nos hablan de un deseo de las personas de mantenerse en la imagen y las apariencias y acercarse hacia lo que se considera lo adecuado o incluso lo ideal, muy basado en imágenes.

Tras unos primeros momentos de deslumbramiento y satisfacción nos podemos sentir igual de vacíos que estábamos antes: aquello que hemos cambiado pensando que no daría la satisfacción definitiva se ha revelado inútil para ese fin.

Damos una gran importancia a nuestra imagen, a nuestro atractivo visual y físico, pero eso hace a veces difícil pensar que otras personas nos valoran de manera distinta de cómo lo hacemos nosotros, y que en la danza de las relaciones sociales, podemos encandilar a alguien por algo que nosotros jamás habíamos imaginado; quizás nuestra voz enamora a alguien a quien le recuerda otras voces familiares y nunca la habíamos contado entre nuestros puntos más valorados.

También es importante valorar que la cuestión de cómo nos vemos y valoramos, más que una dimensión muy sólida y fija, tiene mucho que ver con como estamos en ese momento por dentro y como nos sentimos; así que casi mejor asentar esos aspectos interiores para, como consecuencia, vernos bien, que empezar la casa por el tejado y tratar de modificar nuestra imagen constantemente.

Esta propensión hacia la apariencia, las imágenes ideales, sin mácula, nos ayuda a anestesiarnos, y a no pensar en las realidades duras de la vida, que queremos apartar. Realidades como el envejecimiento, la irrupción de la enfermedad, y finalmente la muerte, que nos atañen a todos, pero preferimos alejarlas cuanto más mejor y auto-cautivarnos con imágenes ideales, con el falso supuesto de que no van a caducar.

Esto se conecta con la tendencia a estar cada vez más conectados y absorbidos con pasatiempos muy visuales, diferentes pantallas que captan de manera muy seductora nuestra atención, pero que nos embelesan y van nublando otras capacidades, hábitos, posibilidades, donde las personas podrían tener un papel más activo que el de meros espectadores de fuegos de artificio visuales. Actividades como leer, escribir, pensar… tienen un efecto distinto en la mente de las personas que el alienante sucederse de imágenes y sonidos tras una pantalla.

A nivel de relaciones sociales, el paralelismo se da con la imagen y aquello que se considera exitoso:

Generalmente es una persona joven, con éxito económico, que deposita grandes cantidades de su tiempo y sus expectativas en el consumo de objetos cada vez más tecnológicos y sofisticados, sin poder encontrar otras brújulas o referencias sociales para sentirse validado y valioso socialmente.

La paradoja es que ninguno de estos objetos puede nunca satisfacernos completamente, y además nos lanza a una espiral creciente de consumo que tras un tiempo nos deja de nuevo vacíos y necesitados de nuevos consumos, dado que aspirar a la satisfacción permanente y absoluta de toda necesidad no entra dentro de lo humanamente posible.

Respecto de las relaciones sentimentales, se da también la tendencia a que estas se basen sobretodo en lo fugaz, en lo emocional, en la intensidad de los primeros momentos, más que en lo nuclear de las personas, que necesita de más tiempo para manifestarse en una relación. Para poder establecer una relación con visos a que las personas participantes puedan crecer en ella, es necesario un tiempo importante de conocimiento mutuo, tanteo, experimentación, tras él, tal vez se podrán establecer compromisos en los que uno pone en juego cosas más esenciales de uno mismo, en los que caben las propias vulnerabilidades de los miembros de la pareja…

Actualmente, no es extraño que sea difícil que exista ese espacio, ese lapso para la consolidación de una pareja y que las relaciones acaben sin haber comenzado, una vez que los fuegos artificiales de los instantes iniciales, comparables a una imagen que nos hemos forjado de la persona, den lugar a otras etapas de menor intensidad pero tal vez más realistas.

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