Diferenciar problemas psicológicos de los cotidianos por José Samiñán

Hoy publicamos el artículo “Diferenciar problemas psicológicos de los cotidianos” que nos ha hecho llegar José Samiñán, uno de nuestros psicólogos registrados en RecomendarPsicologo.com.

Los problemas psicológicos son de carácter dimensional, no categorial. No existe diferencia cualitativa entre las conductas que llamamos normales, adecuadas, adaptadas, y aquellas que consideramos anormales, inadecuadas o desadaptadas al momento y al contexto dados. Sólo se diferencian en el grado, de forma cuantitativa.

Si bailo espasmódicamente en la pista de un after a las tres de la madrugada de un sábado estamos ante una conducta “normal”. Si hago lo mismo sobre el capó del coche de una señora en la Plaza de España a las tres de la tarde en mitad de un atasco, lo consideramos “anormal”. La conducta es la misma; el contexto, no. La percepción de la realidad, su integración en nuestros esquemas de pensamiento y su interpretación, nos ofrecerá una explicación sobre si lo que hacemos nos parece adecuado al contexto o no. Cada uno responde de la manera que le parece mejor, en virtud de sus recursos. Toda conducta, adaptada o no, es funcional, responde a algo.

Según Kelly, cada uno va creando y consolidando sus propios esquemas mentales  mediante el ciclo de la experiencia. Primero anticipamos lo que va a ocurrir, intentamos prever el futuro. Después nos implicamos en el resultado  para que se parezca lo más posible a lo que habíamos previsto. Ahora nos encontramos con el acontecimiento y validamos o invalidamos nuestra anticipación. Finalmente revisamos todo lo ocurrido y lo integramos en el sistema en un ciclo de aprendizaje continuo. Si la realidad que nos circunda se corresponde con nuestra idea del mundo, de cómo deben ser las cosas, la cosa marcha. Cuando la realidad nos niega y se empeña en fastidiar nuestros planes, estamos en problemas.

Se considera que alguien sufre un problema psicológico cuando arrastra dificultades que le hacen padecer pero sin que este padecimiento llegue a interferir de manera significativa en su quehacer cotidiano. Si el problema no se soluciona y se consolida, es decir, si se generaliza y se cronifica, y además empieza a interferir en el devenir diario de las actividades de la persona, hablamos ya de un trastorno psicológico.

terapiaEl psicólogo nos brinda su ayuda. Nos ofrece apoyo y nos escucha. Tenemos la ocasión de exponer nuestro problema, de distanciarnos de él, de exteriorizarlo, de compartirlo, de diseminarlo sobre una mesa y poder analizarlo. Tenemos la oportunidad de verlo de manera más global, en interacción con todas las facetas de nuestra vida, con la gente de nuestro entorno, con nuestros recursos. Recibimos feedback y perspectivas nuevas de ver el mundo, de entender e interpretar las cosas. Podemos rescatar de dentro de nosotros nuestras habilidades y fortalezas para afrontar el problema desde otra posición. Nuestro universo y el del psicoterapeuta se encuentran. Una actitud de compromiso y apertura es necesaria. La labor principal es nuestra, nosotros debemos hacer el trabajo. El psicólogo sólo es el conductor. Las rutinas ambientales, nuestros viejos aprendizajes consolidados, las ganancias secundarias derivadas del problema y la llamada red contraterapéutica harán fuerza para que nada cambie. También es imprescindible interiorizar el concepto de aceptación activa: abandonar el deseo vehemente de sentirse bien por encima de todo.

El punto óptimo de esta paradoja es un equilibrio inteligente entre estar abierto al cambio y aceptar cómo son las cosas ahora. Intentar cambiar el futuro pero aceptando y respetando el presente inmediato.

Los problemas son parte del día a día. Nuestra disposición para afrontarlos marcará de inicio la diferencia: mejor considerar la vida como un devenir de situaciones novedosas a experimentar que como un sinfín de problemas a resolver.

 

 

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