El Miedo a la Libertad

Nos parece muy importante referirnos en esta entrada, El Miedo a la Libertad, a cómo los condicionantes de diverso tipo, familiares, sociales, culturales, que están siempre muy presentes en la vida del individuo, pueden ser una importante barrera para que el ser humano se acerque a sí mismo. Este ha sido un tema de estudio de figuras muy importantes de la psicología, como por ejemplo Erich Fromm, que le dedicó un libro al tema con el que titulo esta entrada.

En nuestra trayectoria vital, vamos amoldándonos y ajustándonos a lo que creemos que los demás esperan de nosotros, y a lo que nos parece que es lo adecuado, y alejándonos por miedo de aquellas partes de nosotros mismos que sentimos que no agradan a los demás, o que no serían lo socialmente aceptables, aunque son partes tan importantes de nosotros, como cualquier otra.

Cuando se produce una distancia excesiva entre lo que deseamos –con alguna parte nuestra que puede estar muy reprimida y negada desde mucho tiempo atrás- y como es efectivamente nuestra vida, aparece el malestar y el sufrimiento psicológico, con el objeto que seamos capaces de ver o reconducir hasta qué punto nos hemos alejado por miedo a no ser aceptados, de nuestra esencia, y como es absolutamente necesario acercarnos de nuevo a ella para poder vivir distinto. Para ello será fundamental que quien padezca un sufrimiento psíquico, pueda leer ese mensaje, ese texto, de alguna manera distinta, para poder cambiar o modificar aquello que le hace sufrir, de una manera definitiva.

A menudo los síntomas psicológicos provocan tanto sufrimiento que se demanda acabar con ellos de una manera muy rápida y contundente pero sin cambiar nada esencial. A nuestra manera de verlo, no se trataría de amoldar al sujeto,  de suprimir sus síntomas con (incluso con medicamentos), o curar los supuestos pensamientos erróneos. Suprimirlos de esta manera puede hacer que vuelvan más delante de una manera más dolorosa e intensa. Se trataría más de poder ir estirando del hilo que nos pueda ir llevando a una nueva manera de sentir y de vivir, que no implique silenciar esas dolorosas verdades que laten dentro del sujeto en forma de síntomas.

El cambio psicológico exige implicación, cambio, deseo y trabajo por parte de la perdona implicada en un proceso terapéutico, no es posible cambiar sin una verdadera implicación de la persona que desea descubrir qué es lo que está sucediendo y el porqué de determinado sufrimiento.

En el factor tiempo también hay muchas diferencias entre unas y otras maneras de plantear el sufrimiento humano. Es difícil determinar a priori un tiempo de trabajo psicológico: el tiempo va a ser el necesario para cada uno.

La psicoterapia aboga por una concepción distinta de los enfoques denominados “breves”, de rápida eficacia, dado que para poder ir elaborando situaciones de sufrimiento que quizás se han ido organizando durante mucho tiempo se necesita el espacio y el tiempo para que el consultante vaya pudiendo desplegar y acercarse a esas dificultades para poder cambiarlas de manera efectiva y real, aunque ya desde momentos muy iniciales pueda ir apareciendo un alivio de los síntomas.

La cuestión no es tratar un síntoma o una enfermedad sino tratar a la persona y ver como las manifestaciones dolorosas están intrincadas en su vida y en su historia para poder plantear la manera de hacer algo distinto con eso.

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