La imaginación dentro del Cerebro (I Parte)

La imaginación dentro del Cerebro (I Parte) es el primero de los dos posts que dedicamos a explicar algo tan abstracto como la imaginación así como su origen y creación. Empezamos por definir qué es la imaginación.

La imaginación es el fenómeno de experimentar imágenes sin ningún estímulo visual del mundo exterior que las genere, e incluye complejos procesos corticales. Dichos procesos se han pasado los últimos cien años en manos de los teóricos y los últimos ochenta en las de los investigadores neurofisiológicos. Desde la más remota antigüedad se la consideró uno de los procesos cognitivos más básicos, al punto que Aristóteles la definía como el “mecanismo principal del juicio y la memoria”.

A pesar de que hay más de diez teorías supuestamente capaces de explicar cómo pueden formarse imágenes en el cerebro sin la intervención del aparato visual, una de ellas (la de McKellar, S. 1981) postula la existencia de tres tipos de imágenes mentales: el sueño, la memoria y la alucinación.

¿Cómo se pueden medir estas imágenes? A través de distintos procedimientos, los cuales incluyen:

  • Calcular la “precisión de la habilidad imaginativa” (que incluye la capacidad de manipular relaciones espaciales)
  • Obligar a los sujetos a llenar una especie de catálogo de sus imágenes mentales
  • La comparación entre modelos de pensamiento y el relato de las experiencias mentales casi sin guía del investigador
  • También han colaborado los experimentos con drogas alucinógenas.

Gracias a estas y otras técnicas, se han hecho evidentes grandes diferencias individuales en cuanto a capacidad para producir imágenes mentales vívidas, manipular las visiones generadas, etc.

Al cabo de muchos años de estudios, parece ser que las imágenes mentales cumplen un importante papel en varias actividades psicológicas básicas, como la memoria, el aprendizaje, la motivación y la creatividad. Algunos investigadores creen, incluso, que las imágenes cerebrales son críticas en la formación de la autoconciencia y la adquisición de información acerca de uno mismo. La autoconciencia es, por supuesto, aquel estado en que estamos en este momento, es decir, ser objeto de la atención de nosotros mismos.

El proceso de formación de imágenes cerebrales es tan complejo como interesante: el neurofisiólogo Andrzej Brodziak, de la Universidad de Silesia, Polonia, coloca sus bases neurofisiológicas en el interior de la mínima unidad nerviosa posible: la neurona. Explica cómo hace el cerebro para “recuperar” información visual anterior, esto es, usar la imaginación para formar recuerdos visuales:

Hay circuitos recurrentes de neuronas (loops) que almacenan imágenes anteriores, y que pueden transmitirlas a los circuitos conscientes para evocar “cuadros” o pinturas de la experiencia pasada. Esas neuronas se caracterizan por tener “axones retrógrados”, esto es, que se dirigen hacia atrás y no hacia adelante.

A la derecha, varias neuronas con axones retrógrados
A la derecha, varias neuronas con axones retrógrados

Si es cierto que este mecanismo puede hacer “aparecer” imágenes antiguas, es muy posible que toda la imaginación se base en estos circuitos recurrentes: al momento de imaginar el aspecto de un desconocido, simplemente estas células le “asignarían” características de personas que conocemos o hemos visto alguna vez.

Esta teoría tiene gran importancia respecto de otras implicaciones: si toda la imaginación se basa en la experiencia previa, mecanismos tales como la paranoia dependerían de temores anteriormente experimentados, una fantasía erótica tendría componentes de antiguos placeres, etc.

Pero ante estas teorías, debemos tener en cuenta de que se han hecho estudios acerca de la capacidad que tiene el cerebro de inventar recuerdos de hechos que nunca ocurrieron. La imaginación puede llegar a adquirir en nuestra memoria tanta fuerza como las experiencias reales…¿Alguien se acuerda de este post de Bugs Bunny?

¡No te pierdas como sigue el post de la semana que viene!

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