La subjetividad en psicología

En esta entrada reflexionamos sobre lo que en el modo que tenemos de concebir la psicología y los tratamientos psicológicos es un principio orientador fundamental y que no se puede dejar de tener en cuenta: la subjetividad en psicología cuenta, y mucho.

Si bien es cierto que una tendencia mayoritaria en la psicología es la de cuantificar, objetivizar, protocolizar emociones, sentimientos y conductas, de cara a poder diagnosticar, investigar, comparar, estandarizar tratamientos… eso es totalmente insuficiente si no podemos, al menos, detectar aquellas variables subjetivas propias del sujeto que le determinan en su sufrimiento, y que son exclusivas, propias, del mismo.

En este sentido nos cuestionamos y planteamos por ejemplo, dos  personas con manifestaciones depresivas, pueden sufrirlas por causas muy distintas, y es por eso que el tratamiento debe de ser distinto, y aquí es donde situamos la pregunta ante los procedimientos pretendidamente estandarizados de trabajar con el malestar humano: hay una serie de cuestiones absolutamente personales y llenas de subjetividad con un peso fundamental y determinante acerca de lo que hace sufrir a cada persona: sin duda deben ser tenidas en cuenta.

Desde este lugar también planteamos la necesidad de una visión de la persona como sujeto, mucho más amplia y mucho más allá de una mera etiqueta diagnóstica. En este sentido cuanta mayor complejidad podamos  incluir en nuestra visión y manera de mirar a la persona que sufre, con mucha mayor amplitud y profundidad nos podremos plantear operar a diferentes niveles; estamos trabajando con algo tan poco abarcable como la complejidad humana, por lo que conviene no dejarnos anular en nuestro juicio clínico por una etiqueta diagnóstica (por deslumbrante que sea)  tras la cual no puedan plantearse otras cuestiones, modificaciones, cambios…

Otro principio que parece fundamental es el de que es necesario darle a la persona que nos consulta por un sufrimiento que puede ser muy intenso, el papel más activo posible en la resolución de su propia problemática: eso empieza por darle la palabra de cara a que pueda empezar a sentirse protagonista y agente de su historia. Puede darse que, una vez aplicado un diagnóstico, el que sea, a menudo se acaben las posibilidades del sujeto de expresarse ante una etiqueta que ya lo explica todo, y por lo tanto ya no es necesario hablar y cuestionar nada más, dado que el diagnóstico explica todo y solo cabe hacerse receptor pasivo de un tratamiento, a menudo farmacológico.

Es necesario tener ojo, de cara a que el diagnóstico no haga más pasivo al sujeto y le haga dejar de hacerse preguntas fundamentales en la comprensión de su historia y su sufrimiento. Esto es dignificar a la persona que padece, otorgándole la posibilidad de expresar sus particularidades y sus propias claves sin querer meramente suprimir el sufrimiento sin modificar lo que desde dentro lo determina.

Con esto se resumen algunas de las posturas y pensamientos acerca de como debe regirse un tratamiento psicológico, pero por suerte, en psicología predomina una necesaria diversidad, que naturalmente puede hacer que muchos otros profesionales de la psicología piensen distinto y respondan de otra manera, igualmente o más acertada que la expuesta, a los profundos interrogantes que nos plantea nuestro apasionante trabajo.

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