La vida es una montaña rusa (para todos)

¿Cuántas veces hemos tenido las sensación de estar viviendo la vida como una montaña rusa? ¿Cuántas veces simplemente pedimos un poco de equilibrio en nuestras vidas? Delante de cambios y vivencias novedosas, sobretodo ante aquellas que alteran de modo fundamental nuestros hábitos diarios, nuestra dosis necesaria de monotonía y nuestros preciados rituales, solemos sentir angustia y malestar.

Ante cambios importantes, la angustia es un período inicialmente necesario, en el proceso de irse adaptando a las alteraciones de nuestra vida y a lo que nos suponen, no obstante, este período de cierto desequilibrio suele durar el tiempo que necesitemos para ir encontrando de nuevo la comodidad. Cuando más rígidos e inmóviles nos queramos fijar en nuestra modo de vivir y de plantarnos ante la vida, cuantas menos cosas de nuestro interior estemos dispuestos a poner en cuestión y a movilizar de acuerdo a lo que nos vamos encontrando en -y con- la vida, consecuentemente mucho mayor será nuestro sufrimiento y nuestra dificultad para adaptarnos de una manera flexible a los cambios que nos exige la existencia, y a transcurrir con esta de la manera más armónica posible. Es importante poder ver que la vida no hace siempre recorridos lineales, sino que tienen diferentes fases y vueltas de tuerca, pero ello no quiere decir que no vayamos logrando cosas importantes por el camino o que no nos sintamos felices con lo que vamos consiguiendo a pesar de que sí que existen estos momentos de dificultad.

Equilibrio
Equilibrio

No existe vida alguna que no haya conocido las turbulencias en diferentes momentos, sobretodo en los momentos de cambio y en las transiciones, nadie puede controlar el curso de la vida, por lo que si nos forzamos a tratar de hacerlo, solo nos encontraremos con un mayor dolor y sufrimiento mental. Por mucho que nos neguemos, es cierto que a veces la vida es como una “montaña rusa” en la que no podemos predecir de que manera y en que momento nos llega tanto lo bueno como lo malo, y en ese sentido, parece mucha mejor opción tratar de moverse al compás de los acontecimientos que intentar sentirse siempre de la misma manera, porque no vamos a poder conseguirlo

A veces está “montaña rusa” atraviesa giros y turbulencias que son muy angustiantes, aunque es importante tener en cuenta que al angustia es más aparatosa que real, en tanto en cuanto, por lo general, después de un cierto tiempo, generalmente corto, vamos reequilibrándonos y reencontrándonos con nosotros mismos después de los cambios que hemos realizado.

La idea de que podemos encontrar algún lugar, alguna manera, de mantenernos en un lugar a salvo de cualquier angustia, nos lleva a encerrarnos en cárceles mentales en las que prácticamente es imposible la vida y donde nos consagramos a intentar cerrar todos los huecos y rendijas por los que puede entrar “el peligro” y finalmente lo que hacemos es cerrarlas a la vida. Tal como sucede en los vuelos en avión, se pueden producir turbulencias,  pero ello no indica que nada demasiado grave ni peligroso esté pasando ni que en absoluto nuestro vuelo no vaya a llegar a su destino, sino que el hecho de atravesarlas, indica que “está en el viaje”, que es lo realmente importante.

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