Repensar la ansiedad

Las personas que de manera regular sufren situaciones de ansiedad o angustia intensa saben que es una sensación difícil de explicar la que siente: miedo intenso a alguna catástrofe (muerte, locura, pérdida de control….) en la cual se modifica la manera en la que nosotros nos vemos a nosotros mismos y las posibilidades de relacionarnos con los demás.

La ansiedad y la angustia son un acontecimiento que se vive en el cuerpo, y afecta a todo nuestro ser a varios niveles. Apenas sirven los consejos del estilo respirar, tratar de pensar con claridad… precisamente porque la ansiedad se siente como una losa, como una fuerza, como algo que nos aprieta y oprime, en un sentido casi físico, desordenando nuestro pensamiento, a menudo incluso haciéndonos difícil respirar.

Aun así, es importante tener en cuenta una serie de consideraciones generales acerca de la ansiedad, este síntoma tan molesto e incómodo:

  • Si la ansiedad se caracteriza por algo, es por la aparatosidad con la que aparece, en este sentido, es como si quedáramos cristalizados en el momento presente, revistiendo dicho momento una importancia y una gravedad que nos parece que no podemos superar. A pesar de esto hay que recordar que estos momentos en los que la angustia es fuerte o muy fuerte, no suelen durar mucho, y posteriormente hay espacios para recuperarse y en los que la presión y el temor disminuyen mucho.
  • Siempre está ahí por alguna causa o razón, a menudo oculta, por lo tanto es susceptible de poder elaborarse a nivel psicológico: la ansiedad o la angustia tiene su lógica y sus motivos, aunque nosotros no le veamos ninguna. Es un síntoma, una manifestación de que algo no está yendo bien en nuestro interior, por lo tanto, precisamente su papel es alertarnos de que algo no marcha para que demos el paso de investigar que es lo que está pasando.
  • Aunque suene paradójico, a veces el hecho de que la ansiedad sea muy intensa es una llamada de nuestra mente precisamente para que podamos abrir, cuestionar e historizar cosas de nuestro pasado que quizás son fundamentales para poder vivir mejor, y que si no aparecen por los gritos desesperados de nuestra angustia, jamás nos pararíamos a reparar en ello.
  • Por lo tanto, por mucho alivio instantáneo que nos provoque poder suprimir o esquivar esa ansiedad (con medicaciones, con técnicas más o menos diversas) nada nos dice que de esta manera hayamos podido resolver aquello conflictivo que la provoca y mantiene, y por lo tanto, que no vaya a surgir en el futuro de la misma manera o de otra distinta.
  • Es cierto que la ansiedad es incómoda y molesta, y aunque sea doloroso y difícil es necesario dar tiempo para poder investigar e ir encontrando las causas y condicionantes de esta ansiedad si es que es cierto que tenemos un deseo real de trascenderla y salir de ella, es por ello que el alivio instantáneo (vía medicación…) más que abrir y cuestionar aspectos de nosotros mismos a los que esta angustia está abrochada, cierra y obtura cualquier pregunta, con lo que queda cerrada la posibilidad de reseguir el hilo de nuestra historia e identidad que nos llevará a la resolución real de ese síntoma tan doloroso y molesto.
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